Durante su formación para convertirse en profesores, como alumnos ¿han asistido a cursos sobre los derechos de autor? Es una realidad hoy en día: la mayoría no se han podido beneficiar de ellos. No obstante, el profesor que no menciona sus fuentes es algo así como la mamá que grita a su hijo que deje de chillar. Se tolera, pero ¿es esto realmente eficaz y comprensible?

 

Recordatorio de la definición de plagio

 

El plagio se define como la duplicación de una obra sin la mención del autor. El plagio puede ser intencionado o no.

La Universidad de Aix-Marseille identifica varias formas de plagio en su página «Plagio, derechos de autor, paráfrasis, copiar y pegar, etc.»:

  • el famoso Ctrl C / Ctrl V o «copiar y pegar»
  • la no menos famosa paráfrasis: reformular unas ideas originales con sus propias palabras
  • el autoplagio, el hecho de utilizar su propio trabajo realizado previamente

Todo ello sin citar nunca la fuente original.

Y el plagio puede afectar a cualquier tipo de obra original:

  • un texto, la traducción de un texto
  • una imagen, una fotografía, una pintura, un gráfico…
  • datos numéricos
  • un curso para el que no se ha obtenido la autorización de citación del profesor

 

El respeto de los derechos de autor por los docentes

 

La excepción pedagógica concedida a los docentes

 

Concretamente, se sobreentiende que los docentes comparten conocimientos que ellos mismos han adquirido a través de sus colegas de profesión. Así pues, se tolera que los docentes no mencionen siempre sus fuentes en el marco de sus clases. Se remunera por tanto a los autores sobre la base de un pago fijo obtenido por el Ministerio a través de las sociedades de gestión de los derechos de los autores.

Sin embargo, los docentes no pueden utilizar obras para un público distinto a sus alumnos o estudiantes. En este caso, está prohibido difundir una obra en el sitio web de la escuela, por ejemplo, sin haber solicitado la autorización al autor o al editor.

Además, los docentes no pueden copiar más del 10 % de una obra (excepto en el caso de imágenes y obras cortas).

El artículo L122-5 del Código de la propiedad intelectual define la excepción pedagógica del uso de las obras:

«Cuando la obra ha sido divulgada, el autor no puede prohibir:
(...)
e) La representación o la reproducción de fragmentos de obras, con la salvedad de las obras concebidas para fines pedagógicos y las partituras musicales, para fines exclusivos de ilustración en el marco de la educación y de la investigación, lo que incluye la elaboración y la difusión de temas de examen o de concursos organizados como prolongación de las enseñanzas con exclusión de toda actividad lúdica o recreativa, en cuanto esta representación o esta reproducción vaya destinada, especialmente mediante un espacio digital de trabajo, a un público compuesto mayoritariamente por alumnos, estudiantes, profesores o investigadores directamente implicados por el acto de enseñanza, de formación o la actividad de investigación que necesite esta representación o esta reproducción, que no sea objeto de ninguna publicación o difusión a terceros del público así constituido»

 

El plagio secreto de las direcciones de tesis

 

La segunda forma de plagio es mucho más grave: el robo del trabajo de un estudiante-investigador por parte de su profesor-supervisor.

El estudiante-investigador necesita un director de tesis para que le guíe en la redacción de su tesis doctoral. El profesor-investigador es el candidato ideal para esta tarea. De hecho, él también quiere hacer avanzar el conocimiento en un área específica. El dúo funciona muy bien mayoritariamente. Sin embargo, una práctica se pasa por alto: el robo del trabajo del estudiante-investigador por parte del profesor-investigador. El doctorando se siente en deuda con su mentor por su acompañamiento en el éxito de su trabajo. La mayoría de los estudiantes considera que «forma parte del juego» ceder sus investigaciones a su director de tesis. Sin embargo, se trata en realidad de una forma de plagio. No existen cifras para evaluar esta práctica, ni el perjuicio que esto genera.

 

Soluciones para garantizar la integridad de los docentes

 

La integridad en todos los cursos

El docente tiene derecho a basarse en citas e investigaciones para realizar su trabajo.

No obstante, la integridad se aprende también por mimetismo. El estudiante comprende más fácilmente cómo citar sus fuentes si todos sus profesores lo hacen con cada préstamo. Para poner en valor el compartir los conocimientos e invitar a los estudiantes a adquirir buenos hábitos, animamos a los docentes a mencionar a los autores en:

  • El intercambio de documentos entre colegas,
  • La reutilización de trabajos de los estudiantes,
  • El uso de soportes visuales (imágenes, gráficos, vídeos)
  • Las instrucciones de un ejercicio de un libro
  • La cita...

Una pequeña línea a pie de página y ya está.

El compromiso firmado por estudiantes y profesores

 

En cada inicio de curso, un método eficaz permite garantizar que se van a respetar los derechos de autor. Se trata de hacer firmar a los estudiantes y profesores una carta antiplagio o un código de honor. En estos documentos se recuerda la definición de plagio, las diferentes formas de copiar y pegar y los métodos para prevenirlas. El marco queda establecido, cada uno conoce la política de la institución académica. Comprometerse a respetar la propiedad intelectual es un acto firme para preservar el valor de los títulos.

 

La formación de estudiantes y profesores en derechos de autor

 

El derecho de autor no siempre es sencillo de comprender. ¿Qué mejor que una formación del equipo pedagógico y de los estudiantes para asegurarse de que cada uno tiene la misma base de conocimientos en la materia? Compilatio ofrece varios temas para acompañar a las instituciones académicas en la prevención del plagio:

 

Las formaciones en torno al plagio Solicitar el catálogo de formaciones

El profesor aspira a formar estudiantes respetuosos y veraces. Por ello, debe ser un modelo para inspirar la ejemplaridad. Enseña unas habilidades, pero también, más sutilmente, un saber estar. El estudiante necesita entender la coherencia de sus conocimientos para poder ponerlos en práctica. La integridad académica concierne tanto a los estudiantes como a los profesores; la calidad de los títulos y de la educación dependen de ello.

En conclusión, la formación en derechos de autor es esencial para evitar el plagio, tanto en los estudiantes como en los profesores y los futuros docentes.


Fuentes utilizadas :

La Universidad de Aix-Marseille , «Plagio, derechos de autor, paráfrasis, copiar y pegar, etc.»:

Sitio internet l'ESPE de l'Académie de Lyon, page "Culture Numérique de l'enseignant - Droits et obligations"

El artículo L122-5 del Código de la propiedad intelectual

Centre français d'exploitation du droit de copie, "Comment utiliser des extraits de textes et d'images dans le respect du droit d'auteur ?"